Falling Water | El sueño que nunca se convirtió en realidad

Rotten Tomatoes: 28% (Primera Temporada) 	Metascore: 50 		IMDb: 6.5

De acuerdo con estudiosos del panorama mediático, nos encontramos viviendo en una nueva era dorada de la televisión. Pese a que los pronósticos iniciales apuntaban a que el auge de los servicios de streaming reemplazaría a la televisión tradicional al imponer el binge-watching de series –cuyos tonos y tramas eran alternativas a las ya existente en la guía de programación—como una práctica común para el espectador que por primera vez tenía el poder de decisión sobre el número de episodios y el horario en que los vería, lo cierto es que esta presión de gigantes como Netflix, Hulu y Amazon también ha forzados a las cadenas televisivas a mejorar sus contenidos y producir programas de calidad cinematográfica y guiones cada vez más pulidos.

Irónicamente, esta misma diversidad en la programación también ha resultado en el aumento de tramas y personajes reciclados dentro de un mismo género. Para acaparar a una gran audiencia, las nuevas propuestas poseen elementos familiares de tal modo que al final del día cuesta trabajo diferenciar entre CSI, NCIS, Bones, Criminal Minds y Law & Order. Es por ello que series como Falling Water capturan la atención con su sinopsis…

Desafortunadamente, la ejecución de la serie no cumple con las expectativas planteadas ante la original idea.

Falling Water, creada por Blake Masters y Henry Bromell, propone un mundo en el que todos los sueños están conectados. Sin embargo, el ser humano promedio sólo es capaz de ver un pequeño fragmento de todo ese paisaje onírico puesto que no ha desarrollado esas habilidades especiales que le permitirían explorar ese mundo y explotar su potencial en el mundo real.

Tess Brighton (Lizzie Brocheré, conocida por sus papeles en The Strain y American Horror Story: Asylum) es una joven observadora de tendencias que intenta encontrar a ese hijo del que está segura dio a luz pese a que la gente que la rodean nieguen que alguna vez estuvo embarazada. Burton Mann (David Ajala) trabaja como fixer, persona que hace arreglos para mantener una reputación intachable, para una importante compañía a la par que busca a esa hermosa mujer de vestido rojo que lo cautivó desde el primer momento que la vio. Taka Matsuyama (Will Yun Lee, la funda original de Takeshi Kovacs en Altered Carbon) es un detective de la policía de Nueva York que lleva una vida solitaria por su trabajo y las constantes visitas que hace a su madre catatónica (Jodie Long).

Tres vidas completamente diferentes que se cruzan en el instante que empiezan a aparecerse en los sueños de otros. El reconocimiento de esta conexión es tan sólo el inicio de una serie de acontecimientos que ocultan una siniestra realidad que permea sus vidas diarias.

La primera temporada, de tan sólo 10 episodios, tiene una pésima ejecución de una historia tan ambiciosa. Pese a su tono surrealista y su fantástica fotografía, la serie no engancha al espectador por su ritmo extremadamente lento y su confuso desarrollo. A la debutante Falling Water no le interesa responder preguntas de la misma manera en que la plantea, desde el funcionamiento del mundo onírico hasta en aspectos tan fundamentales como el desarrollo de los tres personajes principales. Es difícil sentir empatía por ellos o entender sus motivaciones cuando momentos en que se pueden definir son sacrificados por elaboradas secuencias de acción en el plano de los sueños por lo que las actuaciones se sienten planas, con excepción de Will Yun Lee que hace lo mejor que puede con guiones que no están bien estructurados del todo.

Con un score sumamente repetitivo, los primeros diez capítulos de la serie se vuelven una prueba de resistencia para la audiencia debido a que los guiones (en su mayoría escritos por Masters) apenas presentan coherencia en una narrativa bastante predecible pese a sus aires de misterio.

Con la fría recepción de la crítica y un nicho de audiencia bastante específico que apenas rebasaba los 400 mil espectadores en promedio durante su transmisión en USA, un rating bastante bajo, Falling Water parecía destinada a una prematura cancelación tras un final de temporada que si bien apenas resolvía los misterios más grandes, dejaba bastante abierto el destino de los tres protagonistas.

Sorpresivamente tras un trato con Amazon por los derechos de distribución, USA renovó Falling Water para una segunda temporada. La gran decisión que marcaría el rumbo de los siguientes diez capítulos fue el despido de Blake Masters como showrunner (pese a que retiene su crédito como creador) para ser sustituido por Rémi Aubuchon.

La Falling Water de Aubuchon es completamente diferente de la visión de Masters. La llegada de Aubuchon al mando de la serie también trajo un nuevo grupo de guionistas que se encargaron de dar forma a la segunda temporada, cambiando radicalmente su tono (más no su ritmo). El surrealismo y la confusión que dominaban la primera temporada fueron reemplazados por una estructura más convencional, transformando a la serie en una especie de drama policíaco.

A diferencia de la primera temporada en la que muchas tramas y personajes eran introducidos para ser desechados instantáneamente, Aubuchon logra un solo arco que se extiende a lo largo de la temporada al unificar las motivaciones de Tess, Burton y Taka. Es por esta razón que algunos remanentes de la primera temporada son descartados en los episodios 11 y 12, aunque también podría pensarse como una jugada de Aubuchon para eliminar cualquier rastro de la influencia de Masters en su serie.

Sin embargo, este nuevo giro también trajo consigo el apego a lugares comunes en el nuevo género así como las adecuación del carácter de los personajes ya existentes y la introducción de nuevos para cumplir con roles específicos, tal es el caso de la nueva compañera de Taka, Alex (Sepideh Moafi) y Shadowman, la principal amenaza del trío en la segunda temporada. Así mismo, las hermosas secuencias oníricas fueron reemplazadas por posicionamientos de cámara poco imaginativos y la introducción de un montaje innecesario para indicar el lugar donde transcurre la acción. Sin embargo, la música es mucho más variada y se eliminaron los molestos voice overs de los protagonistas en cada episodio.

El futuro de Falling Water es incierto. Si bien el último episodio introduce varios elementos que cobrarán relevancia en una probable tercera temporada, la audiencia durante la transmisión televisiva de cada episodio disminuyó aún más, llegando a su punto más bajo a registar solo 0.197 puntos de rating. En caso de ser renovada, espero que finalmente encuentre un balance entre los elementos que funcionaron de ambas temporadas para que Falling Water llegue a convertir en realidad ese exquisito sueño que su sinopsis sugiere.

Las dos temporadas de Falling Water están disponibles en Amazon Prime Video.

Esta es una colaboración de Ximena Morales para la sección de Cine y Televisión

 

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