Sex Education | El ‘woke show’ que todos necesitábamos

Rotten Tomatoes: 91%   Metascore: 81  IMDb: 8.5

Siendo completamente realistas, sin importar lo progresivos que nos consideremos, a la mayoría de nosotros nos incomoda hablar sobre sexualidad y las diferentes maneras de expresarla. Como tema de conversación, el sexo aún continúa rodeado de tabúes, así como de falsas creencias, especialmente respecto a todos esos temas que raramente se tocan en los sistemas educativos, la sociedad y la cultura popular. Y justamente cuando surge uno de esos temas polémicos, he escuchado decir a personas de diferentes edades que toda la información al respecto está disponible en internet… Evitando así la oportunidad de educarse y educar a otros.

Desgraciadamente, pese a toda la información a la que tenemos acceso con tan solo escribir un par de palabras claves en el buscador de Google, raramente quedamos satisfechos con las respuestas que encontramos porque a final de cuentas, un gran porcentaje de esta información posee los mismos prejuicios que la sociedad en que vivimos y no se nos enseña a discernir entre el conocimiento de una opinión. Pero no todo es malo. Ante la desinformación y las facilidades que ofrece el Internet para conectar con personas en diferentes partes del mundo, se han creado comunidades de personas con las mismas inquietudes y que han logrado formar entre sí una red de apoyo que no pueden encontrar en sus localidades.

Considerando que este es el panorama actual sobre la apertura hacia el sexo, es sumamente sencillo el comprender por qué una serie como Sex Education (Laurie Nunn, 2019 – ) se ha convertido en uno de los primeros éxitos del año para Netflix. Presentada visualmente como una película de John Hughes, la atrevidamente recatada dramedy protagonizado por un “no puedo creer que ya sea todo un hombrecito” Asa Butterfield (The Boy in the Striped Pyjamas, Hugo, Ender’s Game) y Gillian Anderson (The X-Files, American Gods) logra aquello que tanto tememos: normalizar la sexualidad y todos los tópicos derivados, desde la masturbación hasta el travestismo.

Otis y Meave
Erick

Surgiendo como producto de la combinación del amor por las series y filmes para adolescentes estadounidenses de la creadora Laurie Nunn y una premisa interesante planteada por uno de sus productores, Sex Education es la historia de Otis Milburn (Butterfield), un joven de 16 años con una aparente fobia al sexo, la cual le impide incluso masturbarse sin sentir disgusto, que simplemente desea pasar desapercibido sus dos últimos años de preparatoria junto a su mejor amigo, uno de los dos únicos estudiantes gays en la escuela, Eric Effoing (el actor revelación de la serie Ncuti Gatwa). No obstante, el ser hijo de una reconocida terapeuta sexual (Anderson) ha dotado a Otis de un increíble conocimiento sobre la materia, hecho que no pasa desapercibido para Maeve Wiley (Emma Mackey), una enigmática y hermosa compañera de clase, quien le plantea a Otis la posibilidad de un negocio altamente redituable: una clínica para sus compañeros, ávidos de orientación para explorar su recién descubierto impulso sexual… Pese a que el terapeuta en cuestión sea virgen.

Como se puede suponer por su título, los personajes de Sex Education son sexualmente activos y cada episodio contiene por lo menos una escena de sexo. Pese a que estas pueden considerarse como NSFW (créanme que ver los primeros minutos del capítulo en la oficina no es una buena idea), ninguna escena de sexo raya en lo gráficamente explícita o vulgar. Despojadas de glamour, las escenas de sexo en la serie se sienten completamente naturales, por momentos un tanto awkward como en la vida real, y mucho más importante que eso es que podemos certificar que los actores se sintieron cómodos durante el rodaje porque siguiendo el ejemplo de HBO tras el boom del movimiento #MeToo, los directores de la serie, Ben Taylor y Kate Herron, contrataron a la directora de intimidad Ita O’Brien para asegurar que las grabaciones se realizaran en el mejor ambiente para todos los actores involucrados. O’Brien ha asegurado que los creadores de la serie “estaban conscientes de que, con el contenido sexual y un elenco tan joven, tenían la necesidad de llevar a cabo un buen proceso y cuidar de sus actores.”

Asa Butterfield (The Boy in the Striped Pyjamas, Hugo, Ender’s Game) y Gillian Anderson (The X-Files, American Gods)

No obstante, el mayor mérito de Sex Education no radica en ello sino en su capacidad para jugar con los estereotipos de preparatoria estadounidense para crear personajes sumamente complejos con historias únicas que explican cada una de sus acciones, desarrollando también paralelos entre los personajes más inesperados entre sí. Ninguno de los personajes en la serie está definido solamente por el problema sexual que presenta, sino por otras cuestiones que raramente se tratan con la normalidad que lo hace Nunn y su equipo de escritores, conformado en su mayoría por mujeres. Cada uno de los adolescentes en Sex Education, irónicamente, es más vulnerable en situaciones cotidianas como la relación con sus padres, el modo en que lidian con las expectativas puestas en ellos por los mayores y sus intentos (algunos fallidos) para establecer lazos románticos.

Situada en la época contemporánea, pero con un vestuario y paleta de color reminiscente a décadas pasadas, Sex Education conecta con la audiencia a través de situaciones identificables y diálogos amigables que hablan sin tapujos sobre la sexualidad. Bajo una perspectiva fresca, quizás por la alta energía femenina en la sala de escritores (una rareza para una serie de cualquier género), la serie alcanza sus momentos cumbre al tratar con franqueza situaciones difíciles como el aborto, la masturbación femenina (llevando a una secuencia grandiosa estelarizada por Aimee Lou Wood) y la expresión de género, así como al presentar una amistad entre un hombre heterosexual y otro gay sin que algunos de los dos involucrados sea una caricatura. No obstante, el ritmo discordante que no encuentra el equilibrio entre comedia y drama que requiere en algunas ocasiones, así como las escenas aparentemente gráficas podrían alejar a los más puritanos y mustios. Lástima por ellos.

Después de que uno de sus actores protagonistas dejó entrever que
ya se trabaja en los guiones, Netflix anunció que definitivamente habrá una 
segunda temporada.

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