Transhumanismo | Del humano al cyborg #LoRaro

Por millones de años la tierra existió sin ser habitada por ningún ser vivo. La primera forma de vida fueron las bacterias, que luego evolucionaron a células capaces de alimentarse del sol (fotosíntesis). Después, otro tipo de fotosíntesis provocó que el agua empezará a liberar oxígeno, lo que abrió paso a la existencia de diferentes especies (organismos pluricelulares).

Hace aproximadamente 6 millones de años aparecieron los primeros primates de postura erguida (homínidos), con cerebros más grandes que sus antecesores; mandíbula y dientes más pequeños. El Homo Habilis fue el primero en fabricar instrumentos de piedra y construir refugios, el Homo Erectus descubrió el fuego y convivía en grupos; después llegó el neandertal que se comunicaba verbalmente, creaba armas y abrigos de los restos de los animales y sepultaba a sus muertos. Por último, está el Homo Sapiens, que logra trascender gracias a su carácter racional, es decir, su capacidad de conocer. Se cree que el humano anatómicamente moderno evolucionó del homo sapiens arcaico hace 200 mil años; de los homínidos, es el único sobreviviente.

¿Qué sigue para la evolución de nuestra especie?

La variación genética que existe en la actualidad es muy extensa. La vida civilizada ocasionó que las adaptaciones evolutivas se aceleraran significativamente y no podemos dejar de considerar las adaptaciones culturales que surgen desde que el hombre empieza a manipular su entorno.

Existe una antigua creencia que en tiempos recientes ha ganado popularidad, se trata de la filosofía transhumanista. Max More, filósofo y futurista, utilizó por primera vez el término en su sentido moderno para llamar así a las creencias filosóficas que nos guiarían hacia la condición posthumana. El posthumano representa el siguiente paso evolutivo de la humanidad, un ser con capacidades superiores a las del hombre actual.

Los transhumanistas creen que el hombre puede evolucionar más allá de sus limitaciones físicas; es decir, mejorar sus capacidades mediante añadidos tecnológicos.

Nick Bostrom, director del Future of Humanity Institute, define el transhumanismo como “un movimiento cultural, intelectual y científico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades físicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas tecnologías, para que se puedan eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana, como son: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y hasta la condición mortal”. Pero no se trata de vivir para siempre; en un mundo sin muerte la vida no tendría sentido. Lo que busca el movimiento es que la vejez y la enfermedad dejen de ser causas mortales, que morir se convierta en el resultado de un accidente o una intervención médica voluntaria.

Los transhumanistas creen que el hombre puede evolucionar más allá de sus limitaciones físicas; es decir, mejorar sus capacidades mediante añadidos tecnológicos. Gracias a la biotecnología muchas personas con discapacidades han mejorado su condición de vida al adquirir prótesis robóticas, otros han recuperado su sentido de la vista o el oído, hasta tener un marcapasos implantando podría ser considerado transhumano.

Cyborg de la vida real

Los ejemplos previamente mencionados entran en la categoría de transhumanismo tecnológico, pero existe otro termino para llamar a personas con añadidos tecnológicos que seguramente todos conocemos gracias a la ciencia ficción: cyborg u organismo cibernético. Suele ser confundido con el androide, pero la diferencia radica en que el cyborg está compuesto por elementos orgánicos y cibernéticos, esta fusión tiene el objetivo de mejorar las capacidades de la parte orgánica por medio de la tecnología; mientras que el androide es un robot con forma humana.

Neil Harbisson, el primer cyborg en ser reconocido como tal por un gobierno, nació con un daltonismo severo por lo que sólo podía ver en blanco y negro. En el 2004 se instaló una antena a la parte trasera de su cráneo que convierte la luz en vibraciones que su cerebro interpreta como sonidos, de esta manera es capaz de escuchar los colores que no puede ver. En ese año el gobierno británico le negó la renovación de su pasaporte porque su antena era visible en la foto y las normas prohíben salir con aparatos electrónicos. Neil defendió su condición de cyborg y demostró que la antena era parte de su cuerpo e imagen, por lo que las autoridades correspondientes autorizaron su pasaporte después de algunas semanas de deliberación.

Además del software para traducir la luz a sonido, la antena de Neil cuenta con un implante con el que puede conectarse a internet a través de bluetooth. Gracias a esto puede recibir imágenes, sonidos y video directamente en su cerebro.

Neil Harbisson, el primer cyborg en ser reconocido como tal por un gobierno.

“El ser humano está destinado a convertirse en cíborg; llevamos siglos usando la tecnología como herramienta y el siguiente escalón es que pase a ser parte de nuestro cuerpo” N. Harbisson.

Melissa Loomis perdió su brazó en el 2015 después de sufrir una infección provocada por el ataque de un mapache. Actualmente es voluntaria en un proyecto que busca desarrollar una prótesis robótica que pueda ser controlada mentalmente y, además, te devuelva la capacidad de sentir. Para esto tuvo que someterse a varias cirugías.

Como lo explicó Elijah Wolfson, editor de Ciencia del sitio Quartz, en una reinervación muscular dirigida (RMD) el cirujano toma los nervios principales que llevaban los impulsos del cerebro a la extremidad y los reubica en los músculos de la parte superior del brazo, haciéndole creer al cerebro que el músculo es el antebrazo y por lo tanto puede controlar la muñeca y la mano con solo pensarlo; sin embargo, lo que busca este proyecto va más allá. Aquí es donde entra la reinervación sensorial dirigida (RSD), consiste en abrir los nervios mencionados y buscar en su interior una diminuta fibra que envía impulsos al sentido contrario, o sea, de la punta de los dedos al cerebro; desprenderla desde el muñón hasta el hombro para identificarla y en el camino conectarla a los nervios cutáneos que nos permiten sentir. “En esencia, creas un mapa literal de la mano en la parte superior del brazo del paciente. Si presionas el ´pulgar´ ella sentiría presión sobre su pulgar”, aclara Wolfson.

El transhumanismo también comprende modificaciones neuronales y alteraciones genéticas. Tema que se toca más a fondo en el artículo de gene editing.

Si fuera posible ¿Por qué no querríamos trascender nuestra humanidad?

El transhumano se encuentra en una fase intermedia, es el hombre en transición para convertirse en posthumano. Esta transformación crea un problema bioético muy grande, la perdida de la identidad humana.

No todos consideran la biología del ser humano como una prisión de la que debemos ser liberados. Francis Fukuyama, politólogo, considera al transhumanismo como una idea peligrosa, dice que atenta contra la naturaleza y la “absoluta igualdad” entre todos los seres humanos. Los que más resultarían afectados por esta desigualdad sería la población en pobreza, ya que no tendrían acceso a las mejoras biotecnológicas, por lo que la marginación que sufren incrementaría.

“Si empezamos a transformarnos en algo superior, ¿qué derechos reivindicarán esas criaturas perfeccionadas y qué derechos poseerán en comparación con los que se queden atrás?” se pregunta Fukuyama.

El que estos avances sean posibles en su sentido técnico no quiere decir que sean ideales en el contexto social. Queremos pasar al siguiente nivel evolutivo como si los únicos problemas de la humanidad fueran los de nuestra biología, cuando la mayor parte de la población mundial sufre de problemas de desigualdad social. Claro que la tecnología puede ayudar a mejorar la calidad de vida del hombre, pero deberíamos empezar por satisfacer las necesidades básicas: agua limpia, saneamiento urbano, asistencia médica gratuita y educación de calidad para todos.

Esta es una colaboración de Malú del Ángel para la sección de #LoRaro
Foto en portada por Andy Kelly

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